miércoles, 21 de octubre de 2009

Lo que se esconde detrás de la zampoña y el charango.

Este es el reportaje principal que utilizamos para realizar nuestro diario mural el cual tenia como proposito ahondar en las melodias andinas tradicionales de los paises pertenecientes a la cordillera de los andes y como esta se ha vista afectada por el creciente mercado musical folclorico de Bolivia.

Si en los años setenta y ochenta la música folclórica andina era un referente en Latinoamérica, últimamente a perdido fuerza y mercado gracias a la industria musical, que solamente persigue conseguir bienes a partir de la música y olvida las tradiciones o simplemente las omite.
Si bien cada país perteneciente a los Andes (Cordillera), tiene su propia música andina en las últimas décadas, se ha notado una gran tendencia a la Bolivianizacion, que según el coordinador de la Asociación de Música y danza Andina de Ecuador Rosendo Yugcha, ha ido en desmedro directo de las demás manifestaciones populares y tradicionales de cada país con tradiciones andinas. Diferentes hipótesis surgieron en base a este oculto pero relevante tema, pero según Yugcha la mayor razón por la cual los actuales grupos de música folclórica andina prefieren interpretar música popular de Bolivia antes de siquiera intentar defender las tradiciones de la propia nación, es por el creciente mercado que representa la música popular de Bolivia, por un proyecto, o mejor dicho de una iniciativa surgida desde su propio gobierno que consistía en dar fondos gubernamentales para grabar y difundir la música popular de ese país al resto del continente americano. Tal fue el éxito de esta iniciativa que hoy por hoy, podemos ver instaurados en nuestra cultura conceptos de música como Saya, Chuntunqui, llamerada y muchos otros.
La influencia extranjera de grupos como Kjarkas o Mayandina, en los noventa, se introdujo con fuerza en el gusto de la gente, por lo que los grupos nacionales los tomaron como referente. “El público identifica a ritmos foráneos como la saya y el chuntunqui, y ha dejado de lado al ayarachi y los huaynos tradicionales de las regiones y pueblos tradicionales”.
El director del grupo Matukzara, Miguel Jiménez, reconoce la crisis de propuestas, pero cree que hay un repunte de la formación de grupos, sobre todo en barrios y centros culturales, que apoyados por expertos en tradiciones han logrado, de una u otra forma con proyectos y ayudas externas, difundir a pequeña escala nuestra tradición musical. Para Jiménez, estos grupos pequeños hacen bien a la música nacional, porque generan público y serán los próximos referentes.
El espacio, las oportunidades y por supuesto el creciente y aplastante mercado de música Boliviana, no permite encontrar nuestras propias manifestaciones, y muy diferentemente de los inicios de este estilo, la música perdió la idea principal de la canción con critica social, adoptando en consecuencia un solo tema, el amor, que es representativo de la música de Bolivia, la música andina nacional necesita ayuda o simplemente desaparecerá.
Para conseguir que la música andina vuelva a ser atractiva, Ramos plantea tres cosas: una constante acción pública institucional, la profesionalización de los grupos de este género con una investigación musical permanente y crear campañas de difusión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario